Erick Garay Alberto

 

Desde Toronto

Ya lo conocía, sabía cómo ganarle, solo era cuestión de mantener la calma y aplicar toda la estrategia preparada junto a su comando técnico. Mario Molina Cortez subió al tapiz para darle al Perú una nueva medalla de bronce en estos Juegos Panamericanos Toronto 2015. Lo consiguió luchando, como manda la esencia de su deporte, remontando una puntaje adverso de 0-4.

La situación no era extraña para Mario, se había preparado para algo así, pues ya lo había vivido en un torneo anterior y frente al mismo rival. Molina nunca se desesperó, hablaba con su comando técnico. “Búscalo, búscalo…”, le decía el entrenador Enrique Cubas.

De pronto se puso a dos puntos, a uno, lo igualó, lo pasó. El hondureño Jefrin Mejía estaba agotadísimo; Mario, en cambio, tenía la energía de cien luchadores y lo llevó de un lado a otro, sumando un punto tras otro hasta llegar al marcador final de 9-4.

El tiempo terminó y Molina dio vueltas de campana, saltos mortales y mil piruetas más para celebrar una nueva medalla de bronce, igual que cuando compitió en los Juegos Panamericanos Río 2007, igual que en el Panamericano de Lucha de este año e igual que en el Sudamericano del año pasado.

Él no lo sabía, pero había conseguido la medalla número 100 de la historia peruana en unos Juegos Panamericanos. Ahora que lo sabe, tiene una razón más para sonreír, un dato más para contar en su casa de San Martín de Porres. Ahí, por la avenida José Granda, cerca al colegio del mismo nombre, cuna de grandes luchadores.